Acto en memoria de los últimos fusilados del fascismo.

El pasado jueves la UCR (Unidad Cívica por la república) organizó en Ágora un homenaje a los últimos fusilados del franquismo. Realizamos proyección del documental SEPTIEMBRE DEL 75

que describe los últimos fusilados del franquismo. Relata las circunstancias de sus irregulares detenciones, las torturas, y la parodia de juicio que los condenó. Frente al mito de un franquismo light a partir de los 40, queda claro que el franquismo fue un régimen criminal hasta sus últimos estertores. Incluso después el franquismo ha seguido asesinando como en la matanza de los abogados de Atocha en 1.977.

Presentó el acto Agustín Clemente e intervino Angel Pasero de UCR que explicaron aspectos de la transición y como el franquismo está tomando fuerza en los momentos actuales.

MEMORIA 27-IX-1975: Cinco jóvenes antifascistas fusilados. El precio más alto por la libertad En los últimos fusilamientos del dictador Franco, que cerró con ese crimen su negra ejecutoria y mereció el definitivo aislamiento y condena internacionales.

El aparato de Estado cargó sus armas, y las usó: murieron manifestantes por pedir agua o mejores salarios, se decretaron estados de sitio, el garrote vil volvió a escena, hubo miles de detenidos, los torturadores eran reputados héroes del Régimen… Hace falta rescatar la memoria de aquel tiempo para tratarlo con justicia. Luchar contra la dictadura franquista era mirar de cara a la muerte. Ninguna libertad ni garantía democrática protegía a los que se enfrentaban a ella. Estos cinco jóvenes, Xosé Humberto Baena Alonso, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, Ángel Otaegui y Juan Paredes, Txiki, lo sabían y, pese a ello, no quisieron rendirse. Por eso pudo Xosé Humberto Baena comenzar su carta de despedida con una serenidad escalofriante: “Papa, mama: me fusilarán mañana…”, o pudo Juan Paredes Manot, Txiki, dedicar a sus hermanos pequeños, en el reverso de una fotografía, las palabras del Che que figuran en su epitafio: “mañana cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra, soy viento de libertad”. Hace falta rescatar la memoria de aquel tiempo para satisfacer una justicia que aún espera. El mundo condenó a Franco. Pero aún aquellas condenas ilegítimas no han sido revisadas ni anuladas, ni quienes las firmaron, en nombre de un régimen sangriento, han respondido de ello. Como de tantas otras cosas.

Ver:

http://memoriarepressiofranquista.blogspot.com.es/2015/09/acto-40-aniversario-de-recuerdo-y.html

El reloj. (Xoxé Humberto Baena)

 

Tengo un reloj. Es una de las pocas cosas que tengo. No me tengo a mi mismo, no soy mi dueño. Y dicen que las cosas de los siervos no son suyas, sino de los amos. Todo es de los amos. Los amos son como cuentan que es Dios: señores de todas las cosas. Y los siervos son como cosas… animadas.

Pero no voy a hablaros de un tema del que nos habla la vida todos los días. Voy a hablaras de “mi reloj”. Si me dejan, claro.

Mi reloj de pulsera es redondo y grande, de un modelo quizás un poco antiguo. Es de fabricación extranjera, como casi todo. Unos números sobre fondo azul rodean la esfera por el exterior y hacen de segundero. Los números interiores -de las horas- son clásicos, grandes y severos. Dos agujas cuadradas y una tercera larga y afilada. En el centro, sobre un fondo de luto descolorido se pueden leer, poniendo un poco de buena voluntad, algunas palabras en inglés, como en todos los relojes. Y por último, tiene un pequeño calendario en la parte derecha con dos doses Veintidós. Un veintidós que deja asomar a un veintitrés tímido, lento, que pugna por salir si el tiempo no impide o la mecánica o la mano brusca del hombre.

Pero os preguntareis por qué os hablo de mi reloj ¡si es como todos! No es de oro como el de los ricos y ni siquiera tiene muchos rubíes. Pero para mí tiene mucho valor.

Hay más motivos para que vosotros. los que no le queréis lo consideréis no solo un aparato normal y vulgar, sino también para que le insultéis llamándole viejo e inútil. Mi reloj tiene la correa rota. Inservible para la función que tenía que desempeñar. Un viejo reloj de pulsera que ya no puede sujetarse a mi muñeca. En realidad, fue sustituido en mis muñecas por otro tipo de ataduras que no acarician como la correa, sino que se hunden en la carne, inexorables, queriendo alcanzar los huesos. ¡Las esposas!

Y, para colmo, mi reloj, está parado. Sí, sí, está parado. Me llamareis loco. ¿Para qué quiere este tío conservar un reloj en esas condiciones?, os preguntareis.

Parado. Llas dos agujas grandes, cuadradas están fijas, insensibles al paso del tiempo. Forman un ángulo obtuso, pero abierto. Parecen señalar algo, ¿o quizás acusar? De lo que sí estoy seguro es de que dicen muchas cosas.

Para mi reloj son siempre las diez y cuarto pasadas. Una de las agujas casi cubre el calendario. Ese calendario en el que permanece el número 22 quieto, invariable.

Mi reloj se obstina en marcar las diez y cuarto de la noche del día 22. Quiere callarse el mes, es su secreto. Pero él y yo sabemos que se refiere al mes de julio. Es terco como las piedras, como las cosas muertas. Pero al mismo tiempo es suave, es leve, se deja llevar y me acompaña como el mejor amigo. No en vano es regalo de mi compañera que hoy ya no me puede regalar nada desde la cárcel de Yeserías aparte de su amor.

Algo o alguien ha impedido que mi reloj siguiese con su monótona melodía -tic,tac, tic,tac,-. Y sus agujas, que giraban como las aspas de un molino de viento, han sido “detenidas” en seco, enredadas en una telaraña acerada, invisible. Ese alguien o algo, no es el tiempo, porque el tiempo sigue, corre, avanza implacable para el que espera. ¡Me dijeron que hoy es ya 1°de septiembre . Tampoco ha tenido un fallo mecánico. El mecanismo de mi reloj no me hubiera privado voluntariamente de su musiquilla alegre y sempiterna, en estas circunstancias. ¡Ha sido la mano brusca del hombre la que me ha dejado sin un buen amigo!

 

Acerca de agoragetafe

Asociación cultura y solidaridad
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